Maravillas Naturales

San Juan Raya, Puebla, escaparate para amantes de la paleontología

sábado 4 de julio, 2015 a las 13:46/en Puebla/por marisa


Zapotitlán Salinas, Pue., 3 Jul (Notimex).- Conocer fósiles de caracoles, ostiones, turritelas y trigonas, así como admirar en vivo las huellas de dinosaurios, es una experiencia única que sólo se puede vivir en San Juan Raya, escaparate para todos los que gustan de la paleontología.



En la comunidad de San Juan Raya, perteneciente al municipio de Zapotitlán Salinas, sus cerca de 250 habitantes se concentran en actividades turísticas.Al ser una comunidad donde sus autoridades se eligen por usos y costumbres, todos rolan sus cargos al paso de un año, por lo mismo todos saben guiar a los visitantes por los senderos y custodiar su Museo Paleontológico.Dentro de la Reserva de la Biósfera de Tehuacán-Cuicatlán se localiza esta población de tierra árida, calor agobiante y viento constante, donde el paisaje que predomina son cactáceas, sotolines y nopaleras.Este lugar, que ha sido escenario para la filmación de películas como “La ley de Herodes”, “Todos hemos pecado”, “Martín al amanecer”, o de videoclips musicales de Caifanes y Elefante, entre otros, guarda un gran tesoro que data de poco más de 100 millones de años.Rosalba Reyes Cortés, de comité del Museo de Paleontología de San Juan Raya, en entrevista con Notimex, informó que este sitio guarda vestigios del Cretácico y el Jurásico, y señaló que en ninguna otra parte del mundo se conocen fósiles marinos como los que aquí se observan.Para llegar al museo se realiza una caminata sobre los senderos que a propósito la población ha diseñado, para preservar los fósiles marinos que están por doquier en esta extensión de poco más de 10 hectáreas.“Hace aproximadamente 100 millones de años, cuando los dinosaurios caminaban por la Tierra, lo que hoy es el centro de la República Mexicana era mar. Donde hoy se localiza San Juan Raya existió un mar poco profundo cercano a la costa y en esta región se localizaban arrecifes de corales, donde vivían una gran variedad de animales marinos como esponjas, ostras, moluscos y crustáceos”, explicó Reyes.Y así se pudo constatar conforme cada paso que se avanzaba en el sendero rumbo al museo.“Aquí se conservaron porque había muchas sales y minerales, hizo que se petrificaran. El proceso de fosilización es que los minerales que cubren el organismo se van depositando poco a poco dentro de los huesos y conchas hasta sustituirlos casi por completo. De esa manera el fósil mantiene la forma original del ser vivo”, dijo.Durante el recorrido, que dura cerca de 40 minutos antes de llegar al museo, también se puede reconocer que a medida en que se va erosionando la tierra, con la ayuda del sol, agua y aire, es como van apareciendo más y más fósiles, por lo cual los hallazgos han sido más por el trabajo propio de la naturaleza que de los pobladores.Cuesta abajo también se pueden observar huellas de dinosaurio herbívoro, pero a decir de Rosalba Reyes también hay huellas de dinosaurio carnívoro y huellas de pterodáctilo, pero hay que adentrarse más en la Reserva de la Biósfera de Tehuacán-Cuicatlán para reconocerlos.La huella es de una pata redonda, lo que hace suponer que se trata de un dinosaurio herbívoro de cuello largo que podría pesar de 12 a 20 toneladas, y medir unos 18 metros de largo de la cola hasta la cabeza.Seguramente, el sitio donde se localizó era una zona pantanosa pues, a decir de investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), también se encontró polen de manglar, que corresponde a la era del Cretácico.“Los senderos son protegidos por alambres y palos para evitar que los visitantes se lleven los fósiles, pero también sirven de guía para hacer el recorrido en bicicleta o a caballo, medios de transporte que pueden alquilar los visitantes”, comentó.Las trigonaas son exclusivas del Cretácico y se fueron extinguiendo, pero aquí hay vestigios, así como ostiones; los cuales en su mayoría están a la mitad y se ve parte de su organismo; las turritelas desde las más pequeñas hasta las más grandes, moluscos bivalvos como las almejas, y moluscos gasterópodos como los caracoles.“Hay estudios que datan del año 1830 en los que refiere que San Juan Raya era un mar muy poco profundo, región en la que se desarrollaban arrecifes de corales donde vivía una gran variedad de animales marinos como esponjas, ostras, moluscos y crustáceos”, explicó.Igual que en el mar, aquí también hay un lugar para los deseos, aunque este es un mar seco los visitantes han elegido una parte de este sitio para arrojar una moneda, dinero que los pobladores utilizan para dar mantenimiento al sendero.El Museo Paleontológico San Juan Raya tuvo sus inicios hace aproximadamente 14 años atrás en un cuarto de tres por tres metros, , donde los pobladores colocaron tablones de forma ordenada y sobre éstos colocaron los fósiles más representativos de la región.Fue hace cerca del año 2011 cuando se construyó la primer parte del museo, el cual actualmente cuenta con tres salas de exhibición, donde los visitantes pueden aprender más sobre los fósiles que se resguardan en vitrinas, información en mamparas y algunos vestigios de la cultura popoloca.Rosalba Reyes comentó a Notimex que hace algunas décadas la población utilizaba los fósiles como moneda y vivían del trueque, por eso los intercambiaban por ropa, comida o despensa que dejaban los turistas que arribaban a esta zona.“Antes la gente llegaba a esta zona -que ahora está resguardada- en sus carros, incluso hasta en helicóptero, y se llevaban los fósiles, más las turritelas y trigonas; yo creo que porque son las más bonitas”, dijo.Con un pesar y un dejo de tristeza, también relató que en su infancia era común que en todas las casas había un sinnúmero de fósiles, y los intercambiaban todo el tiempo, pues siempre que pasaba el temporal de lluvias aparecían más y más.Pero fue hace poco más de 20 años cuando recapacitaron y le dieron valor a esta riqueza natural. Todo comenzó cuando autoridades federales detuvieron a su tío Cornelio Reyes por la venta de fósiles, sin que la población supiera que se trataba de un delito.“La gente comenzó a estar temerosa y ya nadie sacaba sus fósiles para el trueque. Después comenzaron a venir investigadores a explicarnos de todo lo que poseíamos como población y que deberíamos cuidarlo. Fue entonces que con nuestros propios medios comenzamos a crear el museo”, confió.Señaló que actualmente se trabaja en un proyecto para construir más salas y ampliar este recinto museístico con la ayuda de la Reserva de la Biósfera de Tehuacán-Cuicatlán.Los visitantes, además de recorrer el sendero y conocer el museo, también pueden tomarse la foto con la biznaga más grande de la región. Se trata de una planta conocida como “El asiento de suegra” (echinocactus platyacanthus), que data de hace tres mil años.Es una cactácea que está resguardada con una malla en su ambiente natural, mide tres metros de altura aproximadamente y con un metro de diámetro. La cuidan porque es amenazada por los animales, ya que ésta absorbe mucha agua y sería una fuente de líquido para los ejemplares.Se trata de una planta endémica de la región y sus raíces son superficiales para aprovechar el agua cuando llueve, toda vez que en esta zona se registran pocas precipitaciones.

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