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Museo José Luis Bello y González cumple 70 años de fundación en Puebla

dom, 20 de jul de 2014|Compartir:
Cultura
Puebla, 20 Jul. (ntmx).- El Museo José Luis Bello y González cumple este mes 70 años de su fundación, considerado como uno de los espacios culturales de mayor tradición en Puebla, mismo que se alberga en una casa con valor histórico y estético, una joya de la arquitectura del siglo XIX en Puebla y del estilo ecléctico afrancesado del porfiriato.
El recinto, adscrito al Centro Estatal de Cultura y Artes de Puebla (CECAP), se fundó el 21 de julio de 1944 con la colección donada a la Academia de Bellas Artes (que pertenecía para entonces al gobierno del estado), por el acaudalado industrial Don Mariano Bello y Acedo, hijo del industrial, corredor de bienes raíces y coleccionista José Luis Bello y González. El Museo Bello y González se encuentra albergado en un edificio del siglo XIX, ejemplo de la arquitectura porfiriana, explicó Ana Martha Hernández Castillo, directora del Museo Bello y González. El inmueble, ubicado en la avenida 3 Poniente 302, Centro Histórico, cuenta con 15 salas de exhibición, en la primera destacan dos secreter, uno indo-portugués de marfil y otro mexicano, con incrustaciones de hueso. La sala dos expone obras del famoso pintor poblano Agustín Arrieta. Las salas tres y cuatro, están dedicadas a los cobres y las calaminas, sobresale una tinaja de piedra y el óleo “Cena entre los primeros cristianos” de Gonzalo Carrasco. La sala cinco exhibe un retablo del siglo XVII de San Pascual Bailón y Lebrillo. La seis presenta un frontal de altar bordado a mano. La sala siete exhibe un nacimiento en miniatura realizado en hueso. En la sala de los marfiles está un óleo de Cristóbal de Villalpando titulado “El apocalipsis de la Virgen según San Juan”. De la sala de herrajes destacan estribos mexicanos en forma de cruz y una caja de seguridad española. Mientras que en la sala diez, destaca una colección de acuarelas sobre papel arroz y quimeras de mayólica. En la sala 11 se presenta una puerta de cristal de Baccarat y una consola de cristal veneciano; en la sala doce, se pueden apreciar una gran variedad de instrumentos musicales. Las salas trece y catorce, están dedicadas a la música y la pintura, respectivamente; la última honra la memoria de don Mariano Bello. A decir de Ana Martha Hernández Castillo, los elementos arquitectónicos, la decoración así como las obras de arte que resguarda, constituyen un legado patrimonial invaluable que actualmente está a disposición de todos los visitantes locales, nacionales y extranjeros. El objetivo de Mariano Bello al donar su colección a la Academia fue honrar la memoria de su padre y contribuir a la educación artística de las generaciones venideras, siendo una de las primeras colecciones particulares en el país en ser donadas al Estado, con una finalidad exclusivamente cultural y educativa. Hoy, la colección de más de tres mil piezas, es considerada una de las más importantes del país y sin duda la más importante de provincia; la diversidad y riqueza de los objetos que concentra le han valido el reconocimiento y prestigio nacional e internacional. Desde hace medio siglo, se erige como referencia obligada de investigadores y especialistas en historia del arte, quienes han mostrado su interés en estudiar las obras de Luis Lagarto, Juan Tinoco y Cristóbal de Villalpando, así como la colección de Talavera de los siglos XVII al XIX (una de las más completas del país), sin menospreciar el arte plumario, la ebanistería poblana, la porcelana y los marfiles. El edificio que actualmente alberga la colección, ubicado en la 3 Poniente 302, fue la casa particular de don Mariano Bello. A su muerte, fue heredada por sus sobrinos-nietos y fue a su vez comprado por el gobierno del estado en 1942 para albergar el museo. La idea de utilizar la propia casa-habitación del donante como Museo fue entonces una afortunada iniciativa retomada entonces por el gobierno estatal, que protegió el inmueble considerándolo Monumento Histórico. La familia Bello juega un papel trascendental en la historia de Puebla, no sólo en el ámbito artístico, como fundadores de la maravillosa colección de arte que podemos apreciar actualmente en el Museo José Luis Bello y González; sino en el terreno empresarial y económico de la capital poblana de finales del siglo XIX y principios del XX. Don José Luis Bello y González nació en 1822 en el seno de una familia de escasos recursos. A los 18 años se trasladó a Oaxaca para trabajar como empleado de la Casa de Moneda donde ganaba 16 pesos mensuales, de los cuales, enviaba 10 pesos a su padre y de los 6 restantes gastaba lo menor posible para ahorrar. Era conocido por su pensamiento liberal y patriótico, así como por su nacionalismo activo. Durante la guerra contra Estados Unidos se enlistó en el ejército para combatir la intervención, y también tomó parte en la defensa de Puebla durante la intervención francesa, designándosele jefe de Trincheras de la calle de Mesones (hoy 3 Poniente). Continuó con el comercio y la industria, y posteriormente estableció una fábrica de tabaco en Puebla. De igual forma se dedicó a inversiones inmobiliarias adquiriendo, entre otras, la casa número 2 de la Calle Victoria (3 Poniente y 3 Sur), donde hoy día se encuentra el museo que lleva su nombre. Su situación económica holgada le permitió darse el lujo de adquirir obras de arte para su deleite personal. Inició su colección con una serie de óleos que, por encargo suyo, le fueron traídos de Europa por su entonces socio de negocios y cuñado Francisco Cabrera y Ferrando. A su muerte, acaecida el 11 de junio de 1907, sus bienes pasaron a sus hijos. Los óleos tan amados, que para entonces ya ascendían a 250, se repartieron en partes iguales entre su primogénito Rodolfo, hombre de negocios y político; Francisco, médico y director de la Escuela Nacional de Profesores. Además, Carlos, egresado del Colegio de Minería o Escuela Nacional de Ingenieros y José Mariano –mejor conocido sólo por su segundo nombre- nacido el 26 de julio de 1869, quien se interesó en mayor medida que sus hermanos por retener y acrecentar su herencia artística para posteriormente legarla como el museo que lleva el nombre de su padre, honrando de esta manera su memoria. Mariano Bello, debido a su carácter altruista, a su gran preocupación por la educación de las generaciones venideras, al no haber tenido descendencia, estableció en su testamento redactado en 1918 que a su muerte (5 de septiembre de 1938) y a la de su esposa Guadalupe Grajales (18 de enero de 1840), los objetos de arte que había reunido durante su vida fueran donados a la Academia de Bellas Artes de Puebla, y que la colección nunca fuera fragmentada. NTX/AGB/GPG

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