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Los
aztecas reverenciaban a numerosos dioses de la muerte y creían
en monstruos;
sin embargo, dos de estas deidades eran los dioses de la muerte por excelencia:
Mictlantecuhtli y la parte femenina, su esposa, Mictecacíhuatl.
Gobernaban juntos sobre el nivel noveno y más profundo del mundo
inferior, Chicnauhmictlan. Los Dioses de la muerte tenían íntimamente
asociados con ellos, criaturas terribles, como arañas , escorpiones,
ciempiés, murcielagos y tecolotes; los dos últimos servian
como sus mensajeros.
La serie importante de los patrones del Tonalpohualli, los ¨ Nueve
señores de la noche¨ , o Yohualteuctin, no eran sin embargo
dioses de la muerte , propiamente, con excepción del mismo Mictlantecuhtli,
aunque estaban íntimamente asociados con la noche, la muerte y
los nueve niveles de los mundos inferiores. una clase especial e interesante
de diosas con asociaciones macabras eran las Cihuateteo, o Cihuapipiltin,
las almas deificadas de las mujeres que habían muerto en el parto
y que se creía espantaban y aterrorizaban a los vivientes en cinco
días inútiles del Tonalpohualli.
Ofrenda
de Día de Muertos.
Esta ofrenda también recibe el nombre de Altar de Muertos. Se coloca
en una mesa cuadradrada o rectangular en alto, porque el difunto ya no
está en nuestra dimensión, sino en una más elevada,
que es la del cielo o paraiso cristiano, En cada extremo de la mesa, se
pone una vara de aproximadamente 1.50m de largo, como símbolo de
las cuatro eras del ciclo de vida por las que todos los seres humanos
transitamos, las cuales son infancia, juventud, madurez y vejez. Las varas
también representan los cuatro años que, según la
teología prehispánica, debía estar sepultado un cuerpo,
antes de que su alma viajara al más allá. El arco en la
puerta superior del altar es la puerta de entrada al mundo de los muertos.
Las velas encendidas, que algunas veces se clavan en el tallo de una penca
de platano, iluminan el camino del difunto, para que no se pieda al regreso
de su antiguo hogar. Las doce estrellas o soles de palmilla tejida, colocados
a lo largo del arco frontal, representan los mese del año que el
difunto tardara en volver a visitar a sus pariente y amigos. El incienso
sirve para purificar y perfumar el alma del del difunto. En el sitio más
destacado del altar, se pone la foto, rodeada de cosas que más
le gustaban, como libros, discos, herramienta, pelotas, cigarros y otros
artículos que él apreciara mucho. A los niños se
les ponen juguetes. La
mesa se adorna con flores y carpetita de papel de china picado, de diferentes
formas y colores. La ofrenda se compone de variados y deliciosos platillos
típicos de la región, preparados especialmente para el muerto
y de acuerdo a sus gustos, como mole con carne de guajolote, pollo, res
o cerdo, quesadillas, tacos, elotes, arroz, frijoles, tamales de dulce
para los niños, tamales con picante para los adultos, pan, atole,
cholate, café, aguas frescas, ponche, bebidas alcohólicas,
refrescos, conservas, naranjas, guayabas, tejocotes, mandarinas, jícamas,
cañas, plátanos, camotes, dulces, postres etc; que se depositan
en jarros, cazuelas, tazas, platos y ollas de barro. La gente cree que
las almas de los difuntos que se les rinde homenaje se comen la esencia
o el alma de estos alimentos y, asegura que saben y huelen diferente después
de que las ánimas los consumen, Una vez que los fieles difuntos
han quedado satisfechos, llega el turno de saciar el apetito de los vivos.
En algunos lugares, se acostumbra levantar un altar al ánima sola,
que no tiene familiares ni amigos que se acuerden de ella, pero la ofrenda
se en la puerta de la entrada, pués á esta extraña
alma no le esta permitido entrar a la casa.
Visita
al Panteón.
El 1o. de noviembre se celebra el día de los santos inocentes,
para conmemorar a los que que murieron siendo aún niños;
y el 2 de noviembre se festeja el Día de todos los Santos, en honor
de aquellos que perecieron en la edad adulta. Los familiares y amigos
de los difuntos limpian, desyerban, enbellecen sus tumbas, y ponen una
ofrenda sobre cada una de ellas. Después rezan, cantan, bailan,
platican con los muertos y recuerdan cómo eran cuando estaban vivos.
En las regiones más tradicionales de México, la gente se
reúne al mediodía en la iglesia, y de allí se dirigen
todos juntos al cementerio. Al frente de la profesión, va el rezador
y el cantor oficial, que entona salmos en honor del santo patrón
del pueblo. En el centro del panteón colocan una mesa con un mantel
blanco, donde el sacerdote oficia misa y ruega a Dios que las almas de
los difuntos descansen en paz.
Dulces
Las
mismas figuras que se elaboran con materiales no comestibles, se hacen
con azúcar y chocolate. Las más tradicionales son las calaveritas
de azúcar que llevan en la frebte nombres de personas, para obsequiarlas
a quienes se llaman así. Los extranjeros se horrorizan al ver estos
dulces macabros, y no comprenden cómo los mexicanos no los comemos
con agrado. El pan de muerto se adorna con huesos humanos y lágrimas
hechas de la misma masa, y se espolvorea de azúcar. Dentro lleva
un esqueleto de plástico.
Muñecos
de papel mache.
Con
motivo del Día de Muertos, los artesanos mexicanos utilizan papel,
cartón, barro, madera, tela, garbanzos, plástico y otros
materiales para confeccionar féretros, lápidas, cruces,
ofrendas y una gran variedad de graciosos esqueletos políticos,
médicos, secretarias, pintores, sacerdotes, novios, maestros, etc.
En ocasiones, representan toda una escena, como una fiesta, un entierro,
un partido de fútbol, una reunión familiar, etc. Todas estas
figuras poseen un gran valor artístico y algunas son verdaderas
obras de arte.
Cempasúchil
y otras flores de muertos.
Los altares de muertos suelen adornarse con una flor mexicana, llamada
Cempasúchil, que también se conoce como Cempoalxóchitl
o simplemente cempoal. Estos nombres derivan de una palabra náhuatl
que significa "Flor de los cuatrocientos pétalos".
Su
color amarillo representa los rayos del Sol y sirve para darles brillantez
y luz a las almas en el mundo de los muertos. Este era el color del luto
entre nuestros antepasados. Las otras flores con que se embellecen las
ofrendas a los muertos son el nardo, la nube o velo de novia, el crisantemo,
la guirnalda y la flor de terciopelo, de color rojo, guinda y morado.
Antes de la llegada de los conquistadores españoles, los habitantes
del actual México celebraban dos fiestas en honor de los muertos;
una para los que habían perecido durante la infancia, que se prolongaba
veinte días, y otra para los que habían tenido una vida
más larga, la cual duraba sólo un día. Para homenajear
a los niños muertos, se cortaba un árbol que se llevaba
a la entrada de la población, donde se recibía con gran
solemnidad y , a su alrededor, se celebraban cantos, ritos y bailes. Veinte
días más tarde, daba inicio la fiesta de los adultos muertos.
Entonces se trasladaba el árbol al patio del templo, se adornaba
profusamente, en la punta se colocaba un pájaro de masa y, en su
base, se ponía una ofrenda de alimentos y bebidas embriagantes.
Los jóvenes se ponían sus trajes más elegantes y
danzaban alrededor del árbol, mientras el pueblo entonaba cánticos.
Posteriormente, intentaban alcanzar el pájaro, hasta que acababan
derribando el árbol. Por último, se comían los ricos
platillos de la ofrenda, pero sólo los ancianos podían consumir
las bebidas.
Calavera Literaria
En
fiesta mexicana, tan rica en tradiciones se acostumbra
componer verso satíricos y humoristicos, que ridiculizan a familiares,
amigos, compañeros de trabajo, profesores, políticos, artistas
y otros conocidos que aún estan vivos, pero que, en su de un modo
burlón, se describe su comportamiento en el más alla. En
esos días, aparecen, en todos los periódicos del país,
calaveras dedicadas a las personalidades públicas más importantes
ilustradas con un graciosa caricatura de su esqueleto.
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