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CUNA DEL MAIZ AMENAZADA POR MAQUILADORAS.

vie, 17 de nov de 2006|Compartir:
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En el valle de Tehuacán, al estilo Indiana Jones se encontró en 1964 lo que se cree fue el primer maíz domesticado del mundo. Richard McNeish estableció con carbono que sus descubrimientos datan de entre 5,000 y 3,500 AC.
Actualmente, Coxcatlán, el valle vecino, se enorgullece de ser "la cuna del maíz en América", y conmemora el descubrimiento de McNeish con una gigantesca mazorca de bronce a la entrada del pueblo. Pero el hallazgo de McNeish provocó una especie de maldición. Habiendo extraído miles de especimenes de maíz antiguo sin permiso del gobierno, el científico fue declarado "persona no grata" en México, y las autoridades demandaron la devolución de lo encontrado. Fechas más precisas con carbono han recortado al menos 3,000 años en la edad del maíz de Coxcatlán. El cultivo del maíz floreció en el valle de Tehuacán por un milenio o más. Luego de la conquista azteca a mediados del siglo XIV, el valle mantuvo bien alimentado a Tenochtitlan, sede del imperio azteca. Sin embargo, Tehuacán se está secando a un ritmo preocupante. Este antiguo cultivo mexicano ha sido maldecido por un puñado de marcas que son palabras comunes en muchos países, como The Gap, Guess y Calvin Klein. En Tehuacán, al menos 300 plantas de ensamblaje de ropa o maquiladoras elaboran más de 5 millones de jeans al mes para el mercado de EEUU. Con más de 35,000 trabajadores, de los cuales 80% son indígenas nahuas, mazatecos, popolocas y mixtecos, esta industria ahora domina la economía del valle. Trabajando nueve horas al día, seis días a la semana, para llevar a casa un pago de unos $380, les toma a los trabajadores todo un mes ganar lo que un consumidor en Los Angeles pagará por los jeans de marca que ellos cosen. José Méndez, presidente de la Cámara Nacional de la Industria del Vestido de Tehuacán (CANAIVES), considera los bajos salarios de la zona, ambiente libre de impuestos e infraestructura subsidiada por el gobierno como los anzuelos que atraen a los fabricantes de jeans. Las maquiladoras consumen inmensas cantidades de agua, quedando muy poco para la agricultura del valle, y el agua disponible está tan contaminada con químicos que con frecuencia se vuelve azul, asegura Barrios. Agrega que 25 lavanderías, la mitad de ellas ilegales, lavan un millón de pantalones por semana, utilizando cientos de millones de litros de la escasa agua, que no es tratada o reciclada. Esta agua, utilizada para regar los campos agrícolas, es una mezcla de tintes, decolorantes, ácidos y otros agentes tóxicos usados para producir jeans desteñidos y químicamente envejecidos. El agua, dice Barrios, ha teñido de azul el suelo del valle en algunos lugares. Satisfacer el insaciable hambre de EEUU por los jeans está pasando la factura a la producción de alimentos. Maquiladoras y barrios pobres de trabajadores mal pagados están engullendo los restantes campos de maíz. Los hijos e hijas de campesinos que han tenido los títulos de sus tierras por siglos están abandonándolas por las maquiladoras, y el ritmo del año agrícola lo dicta ahora el inventario de demandas de The Gap.

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