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Presenta OSEP su décimo quinto concierto, con director de lujo
vie, 1 de ago de 2008|Compartir:

Antonio Sanchís dirigirá la orquesta este domingo 3 de agosto; entrada gratuita
Con director invitado de lujo, se llevará a cabo el concierto número dieciséis, de la Orquesta Sinfónica del Estado de Puebla; en su décimo tercera temporada se estará presentando el próximo domingo 3 agosto, en San Pedro Museo de Arte, con un concierto dedicado a compositores de Rusia y el Viejo Continente.
Con director invitado de lujo, se llevará a cabo el concierto número dieciséis, de la Orquesta Sinfónica del Estado de Puebla; en su décimo tercera temporada se estará presentando el próximo domingo 3 agosto, en San Pedro Museo de Arte, con un concierto dedicado a compositores de Rusia y el Viejo Continente.
Enclavado en el corazón del centro de la capital, el museo abrirá sus puertas para continuar la extraordinaria temporada de la Orquesta de Puebla, a partir de las 12:30
horas, con entrada gratuita.
Con la batuta del maestro Antonio Sanchís, director huésped, el concierto dará inicio con la Obertura El Rey Pastor de Federico El Grande de Prusia, seguida de Petite Symphonie de CH. Gounod, Anadaluza de Granados, Tristes Jardines de J. de Jesús Martínez, .4 Versiones Sobre la Retirada Nocturna de Madrid de L. Boccherini, Fanfarria y Danza de la Música Incidental para el Drama Hamlet de D. Shostakovich, Marcha de la Opera El Amor por 3 Naranjas, de Sergei Prokofiev, Tahiti-trot (Té para Dos) de D. Shostakovich, Vals No. 2 D. Shostakovick.
Gonzalo Antonio Sanchis Cuevas, originario de la ciudad de México, realizó sus estudios en la Escuela Nacional de Música de la U.N.A.M. Ha hecho estudios de perfeccionamiento en Alemania con la Mtra. Birgit Smieder (oboe principal de la Orquesta Sinfónica de Berlín), así como también con Ray Still (oboísta principal de la Orquesta Sinfónica de Chicago). Actualmente es oboe principal de la Orquesta Filarmónica de la U.N.A.M. y de la Orquesta Sinfónica del I.P.N.
Ha tocado como solista con la Orquesta Sinfónica del I.P.N., la Orquesta Filarmónica de la U.N.A.M. y la Orquesta Filarmónica de Cuernavaca. Dirigió la Orquesta Típica de la Ciudad de México, la Orquesta Sinfónica de Alientos de la Delegación Cuauhtémoc, la Orquesta Filarmónica Juvenil de la Ciudad de México, y fue director titular de la Orquesta Sinfónica Juvenil de Tlalpan, desde 1990 y hasta el pasado mes de marzo de 2008.
Al rey Federico II de Prusia (1712-1786) se le recuerda sobre todo como un importante patrono de la música en su tiempo, mientras fue príncipe llevó a sus cortes a numerosos e importantes intérpretes y compositores de la época, entre quienes se encuentran los hermanos Benda, los hermanos Graun y C.P.E. Bach. Al acceder al trono de emperador, el rey Federico siguió manteniendo una importante actividad musical en su palacio cercano a Potsdam, donde tuvo a C.P.E. como acompañante en sus conciertos, a Carl Graun como maestro de capilla y a Johann Joachim Quantz como compositor de la corte.
En mayo de 1747, el rey, conocido como Federico el Grande, invitó a Johann Sebastian Bach a probar sus recién adquiridos instrumentos de teclado, que representaban una etapa intermedia entre el clavecín y el piano. Durante esa visita, el rey Federico tocó en el teclado un sencillo tema, e invitó a Bach a improvisar sobre él. De esas improvisaciones nació un par de meses más tarde la extraordinaria obra Ofrenda musical, que Bach dedicó al rey.
Federico II de Prusia también compuso algunas obras originales, entre las que se encuentran algunos conciertos y sonatas para flauta, unas cuantas arias y algunas marchas de tipo militar, entre las cuales la más conocida es la Marcha Hohenfriedberger.
Entre las obras instrumentales del rey prusiano se encuentra también una obertura, originalmente asignada a la obra titulada Serenata Charlottenburg, y más tarde conocida con su nombre actual, El rey pastor.
La Petite symphonie es una evocación en miniatura de una sinfonía clásica completa desde el punto de vista del final del siglo XIX, delicada, evocativa y elegantemente coloreada. El movimiento inicial abre con una introducción lenta a la manera de Haydn antes de derivar a un movimiento en forma de allegro de sonata. El movimiento lento hace destacar especialmente a la flauta de Taffanel. La Petite symphonie para nueve instrumentos de aliento fue estrenada en la famosa Sala Pleyel de París el 30 de abril de 1885.
Una de las mejores grabaciones de las Danzas españolas de Granados es la realizada por la excelente pianista canadiense Angela Hewitt en 1994. Esta grabación está acompañada de un breve, pero muy ilustrativo texto, escrito por la propia intérprete.
Las Danzas españolas de Granados están entre las más atractivas, aunque exigen lo máximo en vitalidad rítmica, color, imaginación, sentimiento poético y un sonido cantante. Los elementos de la danza y la canción folklórica, que están en el corazón de la música española, son combinados con gran elegancia y encanto. En la edición original, sólo la cuarta pieza de la serie, Villanesca, tenía título. Todos los demás títulos fueron añadidos más tarde por el editor.â€
El éxito de las tres Danzas españolas llevó a Granados a componer nueve piezas más de la serie, divididas en cuatro cuadernos. Varios analistas han afirmado que en lo formal, lo técnico y lo expresivo, las Danzas españolas de Granados muestran con cierta claridad la influencia de Grieg, de Liszt y de Schumann, lo cual no impide reconocer su originalidad y su carácter inconfundiblemente local.
Entre la docena de quintetos para guitarra y cuerdas de Boccherini hay uno particularmente atractivo, conocido (quizá erróneamente) como La retirada de Madrid y cuyo título más adecuado en castellano sería La retreta de Madrid o mejor aún, La ronda nocturna de Madrid. El cuarto movimiento de este quinteto es una serie de 12 variaciones sobre un tema que al inicio se toca pianissimo.
A medida que avanza el movimiento, hay un crescendo progresivo; ello indica que la ronda nocturna se acerca desde la lejanía y pasa frente al oyente, para después alejarse y perderse en la distancia, así como la patrulla de soldados se va alejando poco a poco. Con este sencillo procedimiento, Boccherini logró un interesante momento de música programática que describe con toda claridad el paso del piquete de soldados que vigilaban por las noches las calles madrileñas.
En el campo de la música incidental para el teatro, el único autor repetido en el catálogo de Dmitri Shostakovich (1906.1975) es William Shakespeare; en 1932 y 1940 el compositor escribió sendas partituras para acompañar las representaciones de Hamlet y El rey Lear.
La música de Shostakovich para el Hamlet teatral de 1932 consta de 45 números, y lleva el número de Opus 32 en su catálogo. Por otra parte, la música de Shostakovich para el Hamlet fílmico de Kozintsev (escrita entre 1963 y 1964) consta de 34 números, cuya continuidad es claramente distinta a la de la música teatral. En 1964, la suite de la música fílmica de Hamlet fue realizada por Lev Atomvyan, quien se encargó de hacer un trabajo similar con otras partituras de Shostakovich para el cine. La música original lleva el número de Op. 116, mientras que la suite está designada como Op. 116a.
Entre los años de 1761 y 1765 el dramaturgo italiano Carlo Gozzi produjo diez grotescas obras escénicas llamadas genéricamente fiabe en italiano, y que eran dramatizaciones de leyendas populares y orientales. Con estas obras, Gozzi intentó revitalizar esa interesante pero por entonces moribunda forma dramática conocida como commedia dell’arte, que fue sin duda una de las manifestaciones teatrales más atractivas de su época. Para comprender un poco la peculiar intensidad de estas fiabe no está de más señalar que Carlo Gozzi era un personaje bastante fanático, con manía persecutoria, y que pasó toda su vida defendiendo al arte italiano en contra de influencias extranjeras, reales o imaginadas por él.
El amor por tres naranjas de Sergei Prokofiev (1891-1953). El argumento de la obra es extenso y complicado, y a su respecto puede decirse que incluye fantasía, comedia, alegoría, teatro del absurdo, y la curiosa y visionaria inclusión del público en la acción de los personajes. Entre éstos, por cierto, hay muchos que son personajes clásicos de la commedia dell’arte: Trufaldino, Pantalone, Fata Morgana, etc. El amor por tres naranjas no fue muy bien recibido en su estreno, y de hecho nunca ha gozado de gran fama o popularidad.
Quizá como una reacción lógica a la fría recepción que tuvo El amor por tres naranjas, el compositor realizó poco después una suite de concierto a partir de la música de la ópera. La suite consta de seis partes: Los ridículos, El mago Celio y Fata Morgana juegan cartas, Marcha, Scherzo, El príncipe y la princesa, Huida.
Esta enredosa y divertida ópera está concebida en un prólogo y cuatro actos divididos en diez escenas; el libreto fue realizado por el compositor sobre el original de Gozzi. El amor por tres naranjas se estrenó el 30 de diciembre de 1921 en Chicago con el mismo Prokofiev como director concertador. La famosa marcha de esta ópera es la introducción musical a una fiesta particularmente delirante, y es el trozo sinfónico más popular de esta ópera de Prokofiev.
Allá por los años 20´s circuló por buena parte del mundo una pegajosa canción, titulada Tea for two (‘Té para dos’), compuesta originalmente por Vincent Youmans. La canción se hizo tan famosa que llegó incluso a la Unión Soviética, donde fue conocida como Tahiti Trot.
Es muy probable que el compositor Dmitri Shostakovich (1906-1975) haya escuchado esta versión en ruso de Tea for two en el Teatro Meyerhold, donde al parecer formaba parte de la continuidad musical de una obra teatral que se representaba ahí. El arreglo que Shostakovich hizo de la canción de Youmans para gran orquesta no fue una creación del todo espontánea.
La anécdota que hay detrás de este Tahiti Trot, que es el título dado por Shostakovich a su arreglo, es ciertamente interesante. Se dice que la idea del arreglo fue del director de orquesta Nikolai Malko, amigo cercano y colaborador de Shostakovich. En una conversación sobre la canción original, Malko retó a Shostakovich a hacer el arreglo en menos de una hora. Gracias a la habilidad del compositor, Malko perdió la apuesta porque Shostakovich completó su versión orquestal de Tea for two, con el título de Tahiti Trot, en sólo tres cuartos de hora.
Este delicioso arreglo se hizo muy popular en la Unión Soviética, en donde por entonces el fox-trot estaba de moda. La pieza fue incorporada a la partitura del ballet La edad de oro, y con frecuencia se tocaba como obra independiente.
Una de las presencias musicales más sugestivas de la pista sonora de la película Ojos bien cerrados (1999), último filme del gran director Stanley Kubrick (1928-1999) es el Vals No. 2 de la Suite No. 2 para orquesta de jazz de Dmitri Shostakovich (1906-1975), una pieza que en el contexto narrativo de la película cumple, en distintos momentos, la función alternativa de música incidental y música de fondo.
Unos años después fue fundada la Orquesta Estatal de Jazz, y su director, Víctor Knushevitzky, le encargó a Shostakovich una obra para el ensamble; de este encargo surgió la Suite No. 2 para orquesta de jazz (1938). En este punto es importante señalar que en algunos documentos y en algunas grabaciones de esta obra se hace referencia a un tipo de orquesta que poco o nada tiene que ver con el jazz; en algunas de esas fuentes, escritas en inglés, se menciona que la suite fue escrita para promenade orchestra o para stage variety orchestra.
Con la batuta del maestro Antonio Sanchís, director huésped, el concierto dará inicio con la Obertura El Rey Pastor de Federico El Grande de Prusia, seguida de Petite Symphonie de CH. Gounod, Anadaluza de Granados, Tristes Jardines de J. de Jesús Martínez, .4 Versiones Sobre la Retirada Nocturna de Madrid de L. Boccherini, Fanfarria y Danza de la Música Incidental para el Drama Hamlet de D. Shostakovich, Marcha de la Opera El Amor por 3 Naranjas, de Sergei Prokofiev, Tahiti-trot (Té para Dos) de D. Shostakovich, Vals No. 2 D. Shostakovick.
Gonzalo Antonio Sanchis Cuevas, originario de la ciudad de México, realizó sus estudios en la Escuela Nacional de Música de la U.N.A.M. Ha hecho estudios de perfeccionamiento en Alemania con la Mtra. Birgit Smieder (oboe principal de la Orquesta Sinfónica de Berlín), así como también con Ray Still (oboísta principal de la Orquesta Sinfónica de Chicago). Actualmente es oboe principal de la Orquesta Filarmónica de la U.N.A.M. y de la Orquesta Sinfónica del I.P.N.
Ha tocado como solista con la Orquesta Sinfónica del I.P.N., la Orquesta Filarmónica de la U.N.A.M. y la Orquesta Filarmónica de Cuernavaca. Dirigió la Orquesta Típica de la Ciudad de México, la Orquesta Sinfónica de Alientos de la Delegación Cuauhtémoc, la Orquesta Filarmónica Juvenil de la Ciudad de México, y fue director titular de la Orquesta Sinfónica Juvenil de Tlalpan, desde 1990 y hasta el pasado mes de marzo de 2008.
Al rey Federico II de Prusia (1712-1786) se le recuerda sobre todo como un importante patrono de la música en su tiempo, mientras fue príncipe llevó a sus cortes a numerosos e importantes intérpretes y compositores de la época, entre quienes se encuentran los hermanos Benda, los hermanos Graun y C.P.E. Bach. Al acceder al trono de emperador, el rey Federico siguió manteniendo una importante actividad musical en su palacio cercano a Potsdam, donde tuvo a C.P.E. como acompañante en sus conciertos, a Carl Graun como maestro de capilla y a Johann Joachim Quantz como compositor de la corte.
En mayo de 1747, el rey, conocido como Federico el Grande, invitó a Johann Sebastian Bach a probar sus recién adquiridos instrumentos de teclado, que representaban una etapa intermedia entre el clavecín y el piano. Durante esa visita, el rey Federico tocó en el teclado un sencillo tema, e invitó a Bach a improvisar sobre él. De esas improvisaciones nació un par de meses más tarde la extraordinaria obra Ofrenda musical, que Bach dedicó al rey.
Federico II de Prusia también compuso algunas obras originales, entre las que se encuentran algunos conciertos y sonatas para flauta, unas cuantas arias y algunas marchas de tipo militar, entre las cuales la más conocida es la Marcha Hohenfriedberger.
Entre las obras instrumentales del rey prusiano se encuentra también una obertura, originalmente asignada a la obra titulada Serenata Charlottenburg, y más tarde conocida con su nombre actual, El rey pastor.
La Petite symphonie es una evocación en miniatura de una sinfonía clásica completa desde el punto de vista del final del siglo XIX, delicada, evocativa y elegantemente coloreada. El movimiento inicial abre con una introducción lenta a la manera de Haydn antes de derivar a un movimiento en forma de allegro de sonata. El movimiento lento hace destacar especialmente a la flauta de Taffanel. La Petite symphonie para nueve instrumentos de aliento fue estrenada en la famosa Sala Pleyel de París el 30 de abril de 1885.
Una de las mejores grabaciones de las Danzas españolas de Granados es la realizada por la excelente pianista canadiense Angela Hewitt en 1994. Esta grabación está acompañada de un breve, pero muy ilustrativo texto, escrito por la propia intérprete.
Las Danzas españolas de Granados están entre las más atractivas, aunque exigen lo máximo en vitalidad rítmica, color, imaginación, sentimiento poético y un sonido cantante. Los elementos de la danza y la canción folklórica, que están en el corazón de la música española, son combinados con gran elegancia y encanto. En la edición original, sólo la cuarta pieza de la serie, Villanesca, tenía título. Todos los demás títulos fueron añadidos más tarde por el editor.â€
El éxito de las tres Danzas españolas llevó a Granados a componer nueve piezas más de la serie, divididas en cuatro cuadernos. Varios analistas han afirmado que en lo formal, lo técnico y lo expresivo, las Danzas españolas de Granados muestran con cierta claridad la influencia de Grieg, de Liszt y de Schumann, lo cual no impide reconocer su originalidad y su carácter inconfundiblemente local.
Entre la docena de quintetos para guitarra y cuerdas de Boccherini hay uno particularmente atractivo, conocido (quizá erróneamente) como La retirada de Madrid y cuyo título más adecuado en castellano sería La retreta de Madrid o mejor aún, La ronda nocturna de Madrid. El cuarto movimiento de este quinteto es una serie de 12 variaciones sobre un tema que al inicio se toca pianissimo.
A medida que avanza el movimiento, hay un crescendo progresivo; ello indica que la ronda nocturna se acerca desde la lejanía y pasa frente al oyente, para después alejarse y perderse en la distancia, así como la patrulla de soldados se va alejando poco a poco. Con este sencillo procedimiento, Boccherini logró un interesante momento de música programática que describe con toda claridad el paso del piquete de soldados que vigilaban por las noches las calles madrileñas.
En el campo de la música incidental para el teatro, el único autor repetido en el catálogo de Dmitri Shostakovich (1906.1975) es William Shakespeare; en 1932 y 1940 el compositor escribió sendas partituras para acompañar las representaciones de Hamlet y El rey Lear.
La música de Shostakovich para el Hamlet teatral de 1932 consta de 45 números, y lleva el número de Opus 32 en su catálogo. Por otra parte, la música de Shostakovich para el Hamlet fílmico de Kozintsev (escrita entre 1963 y 1964) consta de 34 números, cuya continuidad es claramente distinta a la de la música teatral. En 1964, la suite de la música fílmica de Hamlet fue realizada por Lev Atomvyan, quien se encargó de hacer un trabajo similar con otras partituras de Shostakovich para el cine. La música original lleva el número de Op. 116, mientras que la suite está designada como Op. 116a.
Entre los años de 1761 y 1765 el dramaturgo italiano Carlo Gozzi produjo diez grotescas obras escénicas llamadas genéricamente fiabe en italiano, y que eran dramatizaciones de leyendas populares y orientales. Con estas obras, Gozzi intentó revitalizar esa interesante pero por entonces moribunda forma dramática conocida como commedia dell’arte, que fue sin duda una de las manifestaciones teatrales más atractivas de su época. Para comprender un poco la peculiar intensidad de estas fiabe no está de más señalar que Carlo Gozzi era un personaje bastante fanático, con manía persecutoria, y que pasó toda su vida defendiendo al arte italiano en contra de influencias extranjeras, reales o imaginadas por él.
El amor por tres naranjas de Sergei Prokofiev (1891-1953). El argumento de la obra es extenso y complicado, y a su respecto puede decirse que incluye fantasía, comedia, alegoría, teatro del absurdo, y la curiosa y visionaria inclusión del público en la acción de los personajes. Entre éstos, por cierto, hay muchos que son personajes clásicos de la commedia dell’arte: Trufaldino, Pantalone, Fata Morgana, etc. El amor por tres naranjas no fue muy bien recibido en su estreno, y de hecho nunca ha gozado de gran fama o popularidad.
Quizá como una reacción lógica a la fría recepción que tuvo El amor por tres naranjas, el compositor realizó poco después una suite de concierto a partir de la música de la ópera. La suite consta de seis partes: Los ridículos, El mago Celio y Fata Morgana juegan cartas, Marcha, Scherzo, El príncipe y la princesa, Huida.
Esta enredosa y divertida ópera está concebida en un prólogo y cuatro actos divididos en diez escenas; el libreto fue realizado por el compositor sobre el original de Gozzi. El amor por tres naranjas se estrenó el 30 de diciembre de 1921 en Chicago con el mismo Prokofiev como director concertador. La famosa marcha de esta ópera es la introducción musical a una fiesta particularmente delirante, y es el trozo sinfónico más popular de esta ópera de Prokofiev.
Allá por los años 20´s circuló por buena parte del mundo una pegajosa canción, titulada Tea for two (‘Té para dos’), compuesta originalmente por Vincent Youmans. La canción se hizo tan famosa que llegó incluso a la Unión Soviética, donde fue conocida como Tahiti Trot.
Es muy probable que el compositor Dmitri Shostakovich (1906-1975) haya escuchado esta versión en ruso de Tea for two en el Teatro Meyerhold, donde al parecer formaba parte de la continuidad musical de una obra teatral que se representaba ahí. El arreglo que Shostakovich hizo de la canción de Youmans para gran orquesta no fue una creación del todo espontánea.
La anécdota que hay detrás de este Tahiti Trot, que es el título dado por Shostakovich a su arreglo, es ciertamente interesante. Se dice que la idea del arreglo fue del director de orquesta Nikolai Malko, amigo cercano y colaborador de Shostakovich. En una conversación sobre la canción original, Malko retó a Shostakovich a hacer el arreglo en menos de una hora. Gracias a la habilidad del compositor, Malko perdió la apuesta porque Shostakovich completó su versión orquestal de Tea for two, con el título de Tahiti Trot, en sólo tres cuartos de hora.
Este delicioso arreglo se hizo muy popular en la Unión Soviética, en donde por entonces el fox-trot estaba de moda. La pieza fue incorporada a la partitura del ballet La edad de oro, y con frecuencia se tocaba como obra independiente.
Una de las presencias musicales más sugestivas de la pista sonora de la película Ojos bien cerrados (1999), último filme del gran director Stanley Kubrick (1928-1999) es el Vals No. 2 de la Suite No. 2 para orquesta de jazz de Dmitri Shostakovich (1906-1975), una pieza que en el contexto narrativo de la película cumple, en distintos momentos, la función alternativa de música incidental y música de fondo.
Unos años después fue fundada la Orquesta Estatal de Jazz, y su director, Víctor Knushevitzky, le encargó a Shostakovich una obra para el ensamble; de este encargo surgió la Suite No. 2 para orquesta de jazz (1938). En este punto es importante señalar que en algunos documentos y en algunas grabaciones de esta obra se hace referencia a un tipo de orquesta que poco o nada tiene que ver con el jazz; en algunas de esas fuentes, escritas en inglés, se menciona que la suite fue escrita para promenade orchestra o para stage variety orchestra.
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